Aceite de coco, golpeado por los mitos del pasado

Uno de los alimentos más destacados en la dieta cetogénica son las grasas saturadas saludables, las cuales ya sabemos que no solo no causan riesgo de enfermedades cardiovasculares, sino que aportan grandes beneficios para funciones básicas en nuestro cuerpo.

 

Tal como los estudios recientes indican, el colesterol es un componente vital de nuestro organismo, pues el cuerpo lo usa para reparar tejidos dañados, fabricar hormonas y neurotransmisores, entre otras funciones. Cuando intentamos reducirlo a través de eliminar de nuestra dieta los alimentos que lo contienen, e incluso tomando medicamentos para ello, nuestro cuerpo intenta producirlo a partir de procesos endocrinos, y por eso aparece elevado cuando hacemos análisis de sangre; es decir, el cuerpo está intentando crear lo que no le damos con la dieta.

 

 

La semana pasada, la Dra. Karin B. Michels de la universidad de Harvard, dio una conferencia en donde declaró que el aceite de coco era un “veneno” para nuestro cuerpo, ya que era una grasa saturada, y que las grasas saturadas provocaban riesgos cardiovasculares. La Dra. Michels, comparó el perfil del aceite de coco con el de la mantequilla, y a los dos los mostró como nocivos.

 

Por otro lado, hemos visto cómo desde hace ya muchos años, el mito de que las grasas saturadas son dañinas se ha desbancado, tanto, que incluso los ministerios de salud en muchos países, han anulado las recomendaciones de eliminar las grasas saturadas de la dieta.

 

Entonces, ¿Por qué volvemos al tema de que el aceite de coco es veneno? Es como si para la Dra. Michels, los estudios de los últimos años no existieran, ella está tomando en cuenta resultados de investigaciones que ya se han probado erróneas, y que llevaron, a partir de la década de los 50, a comenzar uno de los más grandes errores en la salud pública a nivel mundial. Sí, pertenece a una de las universidades más famosas del mundo, pero pertenecer a Harvard no significa que no pueda cometer errores.

 

El aceite de coco es una grasa saturada con propiedades muy beneficiosas, no solo por su perfil de grasa saturada, sino porque contiene ácidos grasos de cadena media, que se absorben rápidamente en el intestino delgado y se transforman en energía, además de que no requieren de bilis para su digestión, característica que lo hace especialmente adecuado para pacientes que no tienen vesícula biliar. También, este aceite contiene propiedades antimicrobianas por su alto contenido en ácido láurico, que funciona como antiséptico natural.

 

En conclusión, “nada con exceso, todo con medida”. El aceite de coco no es el demonio que pintan, ni tampoco tenemos que comerlo a cucharadas como la cura milagro para todo. Simplemente es un gran aliado para nuestra salud si se incluye en nuestra dieta de manera adecuada, y forma parte de los alimentos que la naturaleza nos da, siempre y cuando elijamos aceite de coco extra virgen, que no ha sido procesado ni refinado.

 

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